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El reencuentro de dos sobrevivientes a la AMIA: “Fue un abrazo eterno”

03.10.2018 09:29  | 

 Agencia AJN.- Silvina Bernstein sobrevivió al atentado de 1994. Desde hace 18 años vive en Israel y hace dos semanas visitó Buenos Aires para reencontrarse con su familia y sus ex compañeros de la AMIA. Entre ellos, se fundió en un abrazo con Tamara Scher quien también es superviviente. En una entrevista con la Agencia AJN, Silvina manifestó su emoción por el encuentro y el significado de volver con su hija, Maia, que nació en Israel.

-¿Qué significó para vos volver a la Argentina y compartir un espacio con quienes sobrevivieron a la AMIA?
-Yo hace tiempo que cada 18 de julio digo ‘¿por qué no estoy en Buenos Aires? ¿Por qué no estoy con mis ex compañeros o con mis amigos que sobrevivieron conmigo?’ Y en particular pienso en Tamara, con la que todos los años estamos llamándonos, ya sea para los cumpleaños o por los 18 de julio. Como estoy un poco movilizada por varios temas, de salud y personales, dije ‘tengo que estar con mi familia’. Por eso planifiqué este viaje. Y lo que fue más movilizante fue llegar a acá con mi hija, Maia, que es israelí, está terminando el secundario y no venía a la Argentina desde hace 5 años. Como conoce mi historia, quisimos visitar el edificio de la AMIA. Así que fue súper importante este viaje. Pudo ver el lugar y conocer físicamente de dónde sobreviví. Nos recibieron tres ex compañeros que trabajaban el día del atentado, que todavía siguen en la AMIA. Fue muy emotivo. Retrocedí 24 años y con mi hija. Fue muy especial.

-¿Quiénes te recibieron en la AMIA?
-Desde mi llegada, intenté contactarme con Daniel Pomerantz, sobreviviente y director ejecutivo, y su secretaria, Ronit. Pero el motivo de mi visita a la AMIA también era llevar un trabajo que yo realicé en vidrio, para brindar algo mío y que quede ahí como recuerdo. Cuando llegué pregunté por Ramón Paredes (el jefe de maestranza) y, cuando lo vi, nos dimos un gran abrazo. Luego de hablar, me indicó cómo moverme por el edificio y me dijo a quiénes podía encontrar en cada piso. Allí encontré a Viviana Alfie y a Mario Liberman, y más tarde la vi a Anita Weinstein.

-¿Habías vuelto a ir al edificio después del atentado?
-Después del atentado, participé en lo que fue el Comité de Reconstrucción con todos los ingenieros. Eso era en la calle Ayacucho. Cuando se puso la piedra fundamental en la calle Pasteur, yo estaba muy conmovida y no quería ir, a pesar de que ya había pasado un año. Yo siempre pasaba por las calles laterales, pero nunca pasaba para ver el hueco del edificio. Finalmente, los ingenieros me insistieron, me acompañaron y estuve en ese acto.

-¿Cómo lograste salir del edificio el día del atentado?
-Estuve una hora en un patio mientras veía que, en el segundo piso, nuestros compañeros salían por un rampa a los techos de la calle Uriburu. Ni bien fue el estallido, la oscuridad, no poder respirar por el polvo… se escuchó un derrumbe. Cuando pude ver algo, intenté ir para adelante y lo primero que vi fue un hueco gigante de luz y el edificio de en frente. Un bombero nos acompañó caminando y nos introdujo a unos departamentos de unos vecinos. Nos sacaron por un pasillo a una puerta lindera al edificio, que estaba intacto. Y cuando salí, fue ver el horror, ver la realidad. Alguien me prestó un teléfono para llamar a mis padres, que ya no estaban en su casa de Castelar. Estaban viajando a Once para buscarme. En ese momento, Néstor Ibarra de Radio Mitre me hizo una entrevista como ‘la primera sobreviviente que salía a hablar’. Y después de eso empecé a deambular por las calles laterales, hasta que encontré a mis padres.

-¿Qué significa volver a la AMIA?
-Es re duro. Lo relaciono con el volver que hizo mi hija a los campos de concentración, con Marcha por la Vida. Una visita que no hice todavía y es una cuenta pendiente. Es la historia, cómo te la contaron y cómo la vivís. Es ver lo que quedó. Pero yo llego a la AMIA y no veo nada de lo que quedó. Es más, a mí me costó mucho el tema de la reconstrucción. Cuando se restituyó el edificio, yo pedí retirarme de la AMIA. Dije ‘a Pasteur 633 no vuelvo a trabajar’. En ese lugar vi muerte, a pesar de salir con vida. De hecho, volver a la AMIA y ver el edificio a mí no me representa nada. Veo colores, veo el logo de la AMIA, el logo de Israel, pero fuera de los nombres que se guardaron afuera, no me representa. Es como vivir 40 años en una casa, que la tiren abajo, y te construyan una nueva. En mi retina veo el edificio anterior. Me veo entrar, veo poner mi tarjeta en el conmutador. Me veo en el edificio viejo, con ese teatro hermoso que tenía. Y al no haber trabajado en el nuevo edificio, no me produce nada, me parece una mole de hormigón.



-¿Qué pasa cuando ves la falta de esclarecimiento y la muerte del fiscal Alberto Nisman?
-Primero que nada, leí el libro “Memorándum” (‘La trama secreta del acuerdo con Irán’, del periodista Daniel Berliner) y cuando lo terminé de leer, miré la realidad de hoy y dije: ‘¿Cómo pudimos esperar 24 años que la Justicia haga algo en este país?’ Es un defraude total. Las instituciones no funcionan. Hay un problema institucional muy grave. Yo no tengo esperanza de que haya justicia. Pero sí hay avances. Por ejemplo, me contaron de alguien (de Hezbollah) que encontraron en la Triple Frontera ahora.

-Los dirigentes van cambiando a los largo de los años en el Gobierno…
-Pero yo no tengo la esperanza de que un dirigente venga y vuelva a revolver todo y empezar de cero. No creo en eso, no creo que se pueda lograr. El tema de Nisman es tan reciente y no se hace nada. Menos pienso que se haga para el atentado a la AMIA. Y con el tiempo, tampoco hay movilización social como para decir ‘terminemos acá, queremos una respuesta’. No sé hasta cuanto la sociedad argentina está todavía pendiente de ese reclamo de justicia. Ahora, en cuanto a su repercusión es gravísimo. O sea, no haber encontrado el culpable por la camioneta, que estuvo en una cárcel y ya salió, es terrible. Para mí como sobreviviente y no me imagino para los familiares de las víctimas.

-Israel tiene un bosque en homenaje a las víctimas del atentado. ¿Crees que Israel sí mantiene ese espacio de recuerdo?
-Es muy raro, porque si bien hay un bosque, yo, en tantos años en Israel, no siento que el 18 de julio se recuerde el atentado a la AMIA. Ni en la radio ni en la televisión. Hay actos de la comunidad judía argentina, de los olim (inmigrantes), que tienen contacto con un intendente de Kfar Saba, con alguien en Ra’anana o Ashdod, y se hace un acto simbólico o un monumento. Ahora, a nivel nacional, no existe (el recuerdo). A mí un poco me choca, por eso yo lo que trato de contar siempre es mi historia. Incluso cuando vienen turistas de otros países a mi estudio, yo cuento mi historia. Cuento por qué estoy en Israel y cómo mi trabajo me ayudó para sobrellevar esa carga. Una imagen que me quedó del día del atentado fueron los vidrios del estallido clavados en la espalda de uno de mis compañeros e incluso una psicóloga me señaló que yo trabajo con vidrio, agarro pedazos y los sueldo. Por eso esto es lo que me ayuda a contar mi historia y vivir con mi familia en Israel.

-¿Qué pasó en ese encuentro con Tamara Scher?
-Tenemos entre Tamara y yo una distancia generacional. Su hija tiene mi edad. La conocí a Tamara cuando yo tenía 19 años y sobrevivimos a la AMIA cuando yo tenía 26. O sea, fueron 7 años de conocerla, con una relación muy íntima. Y cuando nos ocurrió esto, Tamara lo cuenta con una frase muy fuerte: ‘Silvina a mí me levantó’. Tamara, cuando fue la bomba, había quedado en un cuarto de tres por tres, a oscuras, pegada a la silla. Ella no se pudo mover. Yo fui la que entré y la levanté a oscuras, tanteando, escuchando su voz, y la saqué de ahí. Es muy fuerte ese tema y con los años, ella estuvo en mi casamiento y se convirtió en una figura muy importante para mí. Vivimos lo mismo. Es como tener un mellizo que nació del mismo lugar, es como un sello. Hay una distancia hoy en día, desde que me fui a Israel hace 18 años. Pero una vez por mes marco el número de su casa, que me lo sé de memoria, y tenemos charlas muy largas. Y cuando vengo acá… son los abrazos. Esta vez fue verla y darnos ese abrazo que se ve en la foto que subí a mi Facebook.

-¿Qué simboliza esa foto?
-Simboliza que nuevamente nos encontramos, pero en un abrazo eterno. Con las miradas solamente ya logramos conectarnos.
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