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Alberto Nisman: secretos de la ruta de la sangre

18.09.2017 06:15  |  Héctor Gambini  |   | Fuente: Clarín

Itongadol.- Las marcas inexplicables, el arma, la bala y todo lo que dicen las pericias.

¿Cuántas veces murió Nisman, en los 970 días que pasaron desde el 18 de enero de 2015?

¿Cuántas veces cayó, una y otra vez, representado en imágenes 3D, en bocetos de forenses, en muñecos de peso y talla similar o en personas que fingieron ser él, ahora en un baño simulado al detalle?

Cada representación tuvo algo con qué compararse. Un mapa indeleble, marcado a fuego, que bien leído muestra si cada movimiento es o no posible. Si las cosas pudieron ser así o fueron de otro modo. Un mapa que no sabe de intereses políticos ni especulaciones electorales y que no fue dibujado por la defensa, la querella ni los jueces sino por los hechos.

Ese mapa sigue una sola ruta: la ruta de la sangre.

El primer indicio lo dio la foto que ilustra esta página: una marca de sangre que avanza en línea recta sobre la mesada del baño.

En el espejo se ve que la bañera está exactamente a la izquierda. Esa marca es inexplicable si Nisman se disparó a sí mismo parado frente al espejo -como sostiene la defensa de Lagomarsino-, sobre la oreja derecha, en un tiro que no tuvo orificio de salida.

Simplemente, no puede estar allí.

Lo que la explica es un hombre que mira a la bañera, con la cabeza un poco arriba de la mesada. Nisman medía 1,82 y sólo podría estar así si estaba arrodillado. Los peritos dicen que así fue.

Pero disparándose a sí mismo y en esa posición -la huella de la sangre también determina que tiene una rodilla en el piso y la otra pierna flexionada, apoyada sobre su planta- no pudo caer como cayó, con las piernas extendidas y perfectamente paralelas a la bañera.

De nuevo, la ruta de la sangre acomoda las cosas.

Tampoco el arma pudo quedar debajo suyo, detrás de su omóplato izquierdo, como quedó.

La sangre marca la acción por los sitios donde está pero también, y muy especialmente, por los que no alcanzó. Por los que están limpios y no deberían. Los peritos lo explican en sus clases de Criminalística: la ausencia de evidencia es una evidencia en sí misma.

Hay dos ejemplos claros de esto en las fotos que tomaron los peritos de la Policía Federal apenas entraron al departamento 2 del piso 13 de una de las torres Le Parc, en Puerto Madero.

Uno es la de la mano derecha del fiscal, que tiene manchas de sangre sobre el dorso del pulgar y el índice pero se interrumpen abruptamente y en líneas rectas.

Sólo pudo suceder de una forma: que el resto del dibujo de la sangre esparcida por el disparo quedara sobre otra mano que tapara esa parte de la mano derecha.

No sigue la secuencia del dibujo la que hay sobre la mano izquierda, en caso de que Nisman hubiese sostenido la derecha con esa mano para dispararse. Si el "mapa" que falta no está allí tuvo que quedar sobre una tercera mano: la mano del asesino, que pudo haber sostenido la derecha de Nisman.

Es posible que en esa mano fantasma hayan quedado también los restos de pólvora que la pistola 22 de Lagomarsino despidió hacia atrás cada vez que fue disparada tras la muerte del fiscal.

Extraño suicidio: los restos no están en Nisman.

Otra marca es la de la mano izquierda. La sangre allí, dijeron en su momento los forenses de la querella, está "por contacto". Es decir, está porque alguien con sangre tocó a Nisman en su mano izquierda.

¿Lo tomaron de allí para acomodar su cuerpo en la posición en que jamás pudo quedar si caía naturalmente tras dispararse a sí mismo?

Hay algo más.

Justo debajo de la pileta del baño colgaba una toalla de color claro. Estaba impecable: algo se interpuso entre ella y el lado derecho de la cabeza de Nisman en el momento del disparo.

El "telón" que la salvó de las manchas de sangre no fue otro que uno de los asesinos, que las pericias ubicarán "arriba y a la derecha" del fiscal arrodillado. Alguien de pie, que recibió cerca de la cintura las manchas de sangre que debieron ir directo hacia la toalla.

Los peritos de Gendarmería que aún no terminaron el informe oficial repararon también en un detalle que pareció estar escondido en el expediente durante dos años.

El arma asesina, la que Lagomarsino le llevó a Nisman diciendo que era "vieja" y que "ni siquiera sabía si funcionaba bien", resultó perfecta para un crimen.

No sólo funcionó de modo impecable, sino que además estaba cargada con balas de alta tecnología.

No tenía proyectiles viejos, acordes con la antigüedad y el nulo uso que su dueño dijo darle, sino balas marca Federal Classic, de punta hueca y alta velocidad, que propagan su poder devastador.

Las balas de punta hueca están prohibidas por la Ley de Armas: hacen que el proyectil se deforme y fragmente para garantizar el daño.

Es el arma y el tipo de bala de los sicarios que buscan ejecuciones silenciosas y seguras: con pistolas del mismo tipo fueron asesinados el "rey de la noche" Leopoldo Poli Armentano y el fotógrafo José Luis Cabezas.

Todo el mundo sabe que ninguno de los dos se suicidó.

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